Desde el sector minero, diversas compañías han iniciado esfuerzos para aumentar la participación laboral local a través de metas, inversión en formación y encadenamientos productivos.
La Región de Antofagasta vive un fenómeno que, aunque extendido por décadas, hoy adquiere nuevas implicancias para su desarrollo: la conmutación laboral. Se estima que uno de cada cinco trabajadores de la región no reside en ella; una proporción que en el sector minero —actividad base de la economía local— asciende hasta aproximadamente el 50%.
Este patrón de movilidad, impulsado en gran medida por los altos salarios de la industria minera, configura un escenario que exige una mirada estratégica. Más allá de la rotación laboral, la región enfrenta el desafío de transformar esta tendencia en una oportunidad para fortalecer su tejido productivo y social.
La alta conmutación implica una fuga significativa de recursos. Se calcula que más de US$1.273 millones anuales salen de la región en consumo, al ser gastados en ciudades de residencia de trabajadores que desempeñan labores en Antofagasta. Esta pérdida reduce el dinamismo del comercio local, la recaudación tributaria regional y la capacidad de reinversión social.
Por contraste, aumentar la proporción de trabajadores residentes permitiría fortalecer el consumo interno, dinamizar la economía local, ampliar la base tributaria, atraer nuevas inversiones y justificar obras públicas y privadas que mejoren la calidad de vida. También aliviaría la presión sobre el transporte aéreo y terrestre interregional, saturado por flujos laborales periódicos.
Causas estructurales y desafíos formativos
La minería seguirá siendo el motor económico más robusto del país durante la próxima década. La cartera de proyectos hacia 2032 bordea los US$17.400 millones, y solo en Antofagasta se requerirán más de 34 mil nuevos talentos (Plataforma Empleo Región, UC, 2025). Este ritmo de expansión empuja a las empresas a reclutar especialistas de otras regiones, ante la insuficiencia de personal local con las competencias necesarias.
Para Fernando Cortez, gerente general de la Asociación de Industriales de Antofagasta, AIA, el reto es también una oportunidad. “La Región de Antofagasta tiene un desafío enorme y de gran valor, porque está asociado a algo muy positivo: lideramos la cartera de proyectos de inversión en Chile para los próximos 10 a 15 años. Eso se traduce en una demanda laboral muy potente. Tenemos que trabajar en conjunto para fortalecer la mano de obra local”.
Sin embargo, las brechas salariales también influyen. El 2024, el salario promedio en minería alcanzó los $2.726.000, una cifra que refuerza el atractivo para trabajadores externos y eleva los estándares salariales, respecto a otras industrias locales. Esto genera desigualdad interna y complejiza la planificación de ciudades que deben atender población fluctuante, pero no permanente.
La llegada periódica de miles de trabajadores tensiona la infraestructura urbana: aeropuertos, terminales terrestres, transporte urbano, oferta de alojamiento, servicios y sistemas sanitarios. En ciudades como Antofagasta, Calama y Mejillones, esta carga variable obliga a planificar con mayor precisión para evitar que la calidad del servicio se vea afectada.
El fenómeno también incide en la demanda de vivienda. Una regulación equilibrada del mercado inmobiliario —que considere tanto a residentes permanentes como a trabajadores temporales— es clave para evitar alzas desmedidas en los costos y efectos no deseados en comunidades locales.
Miradas desde la industria: hacia una mayor contratación local
Desde el sector minero, diversas compañías han iniciado esfuerzos para aumentar la participación laboral local a través de metas, inversión en formación y encadenamientos productivos. El Consejo Minero lo resume así a través de su presidente ejecutivo, Joaquín Villarino, “en la Región de Antofagasta se están haciendo muchas cosas para favorecer una mayor contratación de mano de obra local, más capacitaciones, incentivos, para que haya más personas que gocen de los beneficios de trabajar en el sector minero”.
Antofagasta Minerals, por su parte, implementa pisos obligatorios de contratación local para sus colaboradoras. Carola Campero, gerente de Empleabilidad, afirmó, “creemos en la contratación local y pedimos a las empresas colaboradoras que sigan nuestro ejemplo. Les ponemos metas y un piso, y las acompañamos para cumplirlo”.
En Escondida | BHP, la estrategia se enfoca en rutas formativas continuas, desde infancia hasta inserción laboral. Su vicepresidente de Asuntos Corporativos y Comunicaciones, Pablo Pisani, detalló que “tenemos varias rutas formativas que empiezan desde más pequeños, como Ingeniosas, y programas como Nuevos Tesoros. Solo este año hemos capacitado a 700 personas, en una década más de 3.500, y se han contratado más de 500 trabajadores locales tanto por nosotros como por nuestras empresas colaboradoras”.
Hacia una política regional de conmutación inteligente
Para la AIA, la clave está en una estrategia integral que fortalezca el capital humano local desde la formación temprana. Ejemplos como el Programa Construyendo Valor Social y la gestión de los Colegios Técnico Industrial Don Bosco en Antofagasta y Calama, son muestras concretas del compromiso gremial con un modelo educativo alineado a las necesidades reales de la industria.
Estas iniciativas apuntan a que las y los jóvenes de la región opten por desarrollarse académica y profesionalmente en su propio territorio, disminuyendo así la necesidad de recurrir a talento externo. El desafío futuro no es eliminar la conmutación, sino gestionarla con visión de desarrollo regional sostenible.
La clave estará en la formación y reconversión laboral alineada a la industria 4.0; mayor residencia de trabajadores en la región, con incentivos concretos; planificación urbana y de infraestructura acorde a flujos laborales reales; metas de contratación local en grandes y medianas empresas; encadenamientos territoriales entre industria, MiPYMES y servicios locales, y coordinación permanente entre sector público, empresas, gremios y academia.
Convertir la conmutación en motor de oportunidades es hoy la misión regional. Más trabajadores residiendo en la Región de Antofagasta, mayor bienestar para las comunidades, mejor aprovechamiento de los recursos y una industria que impulse el desarrollo local como plataforma de talento y prosperidad compartida.