
Nicolás Pinto PHD Universidad Católica y Coordinador de área matemática M2 de Preuniversitario Gauss. La respuesta no es tan simple como elegir uno por sobre otro. Los tres factores son importantes y forman parte del puntaje de postulación, pero su impacto dependerá de la carrera y la universidad a la que cada estudiante aspire. Más que preguntarse cuál vale más, la invitación es a comprender qué elementos pueden cambiarse y cuáles ya forman parte de la trayectoria escolar.
El NEM y el Ranking reflejan el desempeño que un estudiante tuvo durante toda su enseñanza media. Son indicadores que reconocen el esfuerzo sostenido a lo largo de cuatro años y, precisamente por eso, una vez egresado ya no pueden modificarse. La PAES, en cambio, representa una nueva oportunidad para demostrar conocimientos y habilidades, por lo que se transforma en el principal espacio donde los estudiantes todavía pueden influir directamente en su resultado final.
Entonces, cabe preguntarse: si el NEM y el Ranking ya no pueden cambiarse, ¿la PAES pasa a ser el factor más importante? La respuesta es que sí es el componente sobre el que los estudiantes aún pueden actuar directamente, pero eso no significa que funcione de manera aislada. El proceso de admisión considera los tres factores y cada universidad les asigna ponderaciones distintas según la carrera.
Por ejemplo, para ingresar a Sociología en la Pontificia Universidad Católica de Chile, el proceso de admisión considera un 20% de las Notas de Enseñanza Media, un 25% del Ranking, un 20% de la prueba de Competencia Lectora, un 25% de Competencia Matemática 1 y un 10% de Historia y Ciencias Sociales. Esto significa que no basta con concentrarse únicamente en la PAES: el desempeño escolar representa un 45% del puntaje ponderado y puede ser decisivo. Por ello, quien aspire a esta carrera debe revisar anticipadamente estas ponderaciones y construir una estrategia que combine buenas notas y posición en el ranking con una preparación especialmente sólida en Matemática 1 y Competencia Lectora.
Según nuestra experiencia acompañando a estudiantes durante este proceso, una de las principales diferencias entre quienes logran ingresar a la carrera que desean y quienes no, no está únicamente en el puntaje que obtienen, sino en que comprenden desde temprano cuál es su punto de partida. Quien cuenta con un buen NEM y Ranking probablemente deba enfocarse en consolidar un buen rendimiento en la PAES. En cambio, quien sabe que sus notas escolares no lo favorecen tendrá que plantearse metas más exigentes en la prueba y diseñar una preparación mucho más estratégica.
En ese sentido, el diagnóstico inicial resulta fundamental. Conocer las fortalezas y brechas de cada estudiante permite construir un plan de trabajo personalizado y avanzar sobre objetivos concretos, en lugar de estudiar de la misma manera que todos. El seguimiento académico, la retroalimentación continua y la práctica mediante ensayos permiten ajustar la preparación durante el proceso y tomar decisiones informadas sobre dónde concentrar los esfuerzos.
En definitiva, ingresar a la universidad no depende de un solo número, sino de la combinación del NEM, el Ranking y la PAES, junto con una preparación consciente y planificada. Comprender cómo interactúan estos factores, conocer las propias fortalezas y brechas, y mantenerse informado sobre las oportunidades que ofrece el sistema de admisión permite fijar objetivos realistas, tomar mejores decisiones y enfrentar el proceso con una estrategia mucho más efectiva.